No podemos seguir callados. La Guajira amanece cada día con muertos. Cada mañana despierta con la noticia de un asesinato, atentado sicarial o masacre. Cada día se encuentran las vías bloqueadas, no se puede transitar libremente. Y nadie hace nada. Absolutamente nadie.

Hablemos con cifras, porque los números no mienten aunque los gobernantes pretendan ignorarlos. Desde que empezó el actual período de gobierno, La Guajira ha vivido una espiral de violencia sin precedentes. El departamento registró 271 homicidios en 2025, un aumento del 18% respecto al año anterior. Y como si esto fuera poco, empezando 2026 Maicao fue escenario de una masacre.

Los bloqueos en las vías se han convertido en el pan de cada día. Entre enero y agosto de 2025, La Guajira registró 201 bloqueos en vías estratégicas. En promedio, cada tres días, los guajiros quedaron incomunicados, sin poder llevar a los enfermos al hospital, sin poder transportar alimentos, sin poder ir a trabajar.​

Pregunto: ¿de qué sirven los batallones de Ejército y estaciones de Policía en La Guajira si no garantizan la seguridad? ¿de qué sirve si no actúan? 

Las operaciones que anuncia el Ejército siempre son reactivas, nunca preventivas. Solo después de la masacre de Maicao fue que las tropas se desplegaron para «contrarrestar las acciones violentas». ¿Y antes qué? ¿Por qué esperan a que maten cinco personas para actuar?​

Y aquí llegamos al punto que más indigna: En La Guajira no manda nadie. No manda el gobernador. No mandan los alcaldes. No mandan las fuerzas del orden. Y no mandan porque no quieren asumir el costo político de gobernar.

Los gobernantes no actúan porque estamos en época de campaña política. El gobernador y los 15 alcaldes tienen miedo de tomar decisiones contundentes porque sus candidatos pueden perder votos. Esta es la realidad más cruel de todas: para ellos, su futuro político vale más que la vida de los guajiros. Prefieren hacer consejos de seguridad, reuniones preparatorias, pero no toman decisiones de fondo. Prefieren las sonrisitas para Instagram, los videos en redes sociales, las pasarelas que nunca resuelven nada.​

El gobernador y los alcaldes suponen que si ordenan desalojos de bloqueos, las comunidades que protestan no votarían por sus candidatos; suponen que si exigen presencia de la fuerza pública, puede perder apoyo político. Entonces prefieren quedarse quietos mientras los guajiros tienen que asumir las consecuencias de la inseguridad y los bloqueos, de la falta de autoridad.

Los problemas de seguridad no se resuelven con consejos de seguridad ni ofreciendo recompensas. Se resuelven con hechos, con decisiones, con una política integral de seguridad que debe vincular a los gobernantes junto con las autoridades tradicionales y líderes de las comunidades indígenas, los alijunas y la presencia permanente de la fuerza pública en todo el territorio, no solo en los cascos urbanos.

Al final, todo se reduce a un diagnóstico claro y contundente: es falta de autoridad. Los gobernantes no ejercen autoridad. Las Fuerzas Militares y de Policía no ejercen autoridad. Todos están paralizados por el cálculo político, por el miedo a las reacciones, por la comodidad de no hacer nada.

Entonces, ¿para qué se hicieron elegir el gobernador y los alcaldes de La Guajira? ¿Para hacer pasarelas? ¿Para publicar en redes sociales? No. Fueron elegidos para que gobiernen, para que tomen decisiones, para que ejerzan autoridad. Fueron elegidos para que protejan la vida, honra y bienes de los ciudadanos en representación del Estado, no para que protejan sus carreras políticas.

Hay que exigir, hay que alzar la voz. La Guajira no puede seguir siendo el departamento donde todos los días hay un hecho de sangre o de fuerza. 

Esto no es un problema de recursos ni de capacidades. Es un problema de voluntad política. Es un problema de autoridad y la hora de la autoridad es ahora. La hora de las decisiones es ahora. La hora de dejar de ser monedita de oro y empezar a gobernar con firmeza es ahora. Si no es ahora, mañana será demasiado tarde. Mañana habrá más muertos, más bloqueos, más guajiros que pierden la esperanza. Y La Guajira merece más.Y como dijo el filósofo de La Junta: «Se las dejo ahí…” @LColmenaresR