Se ha vuelto costumbre ver la vía férrea de El Cerrejón bloqueada, como si fuera parte del paisaje guajiro. Una y otra vez, comunidades que se instalan en sillas plásticas sobre los rieles y detienen el tren carbonífero que trae progreso a la región. Cualquier descontento, por insignificante o importante, termina paralizando el ferrocarril. Y la autoridad ausente para imponer orden evitando esta anarquía, como si no les importara.

Las cifras evidencian la gravedad de esta práctica. En 2024, Cerrejón sufrió 333 bloqueos, acumulando más de 134 días con la línea férrea detenida. La tendencia empeora: en solo el mes de enero del presente año ya se han registrado más de 12 bloqueos. Parece que toda La Guajira estuviera sometida al capricho de unos cuantos interesados en aprovechar para vivir de los bloqueos.

¿Qué implica esta parálisis constante? Cada día sin tren son miles de toneladas de carbón que no se exportan, dinero que deja de ingresar a la región en forma de regalías. Esas regalías mineras son el principal motor de la inversión pública en La Guajira: financian acueductos, hospitales, escuelas… 

Bloquear la vía férrea es pegarle un tiro al desarrollo regional. Menos exportaciones significan menos recursos para programas sociales e infraestructura. ¿Será que a los promotores de los bloqueos les cuesta mucho trabajo mental pensar en esto?

El efecto dominó se siente de inmediato. Estos bloqueos constantes afectan a los trabajadores de la mina y sus familias, y a las comunidades que dependen del tren para el agua potable. Por cada tren parado sufre el obrero sin turno, el transportista varado, la familia wayuu sin agua y el comerciante sin ventas. La cadena productiva se rompe, la economía local se resiente, e incluso proyectos sociales quedan en el aire por la incertidumbre operativa. Aun así, algunos “líderes” pretenden vender esta práctica como “protesta”, ignorando que el daño recae sobre el propio pueblo guajiro. Insisto ¿Será que a los promotores de los bloqueos les cuesta mucho trabajo mental pensar en esto?

Nadie niega el derecho a la protesta social, ni los problemas sociales que tiene La Guajira. La frustración es comprensible, pero protestar no puede ser sinónimo de sabotear el futuro de la región. Peor aún, muchos bloqueos ni siquiera guardan relación directa con El Cerrejón. Pero como la autoridad no hace cumplir la ley, a cualquiera le parece fácil tomarse la vía férrea para presionar.

Más preocupante es que detrás de estos bloqueos hay liderazgos cuestionables: gente que se aprovecha para buscar beneficios propios; por detrás hay vividores, oportunistas y políticos, promoviendo el bloqueo que evita el progreso y desarrollo de La Guajira. Un grupito de oportunistas se beneficia mientras el resto de guajiros está pagando los platos rotos.

¿Dónde están las autoridades locales del área de la vía férrea? No hacen nada por frenar esta ola de bloqueos y es inadmisible que las vías de hecho prevalezcan ante la pasividad del Estado. Se requieren acciones decididas de las autoridades: restablecer el orden público y proteger la infraestructura estratégica. No se puede permitir que un método de protesta malentendido tenga de rodillas a toda La Guajira. Ha llegado la hora de reflexionar porque, de seguir así, La Guajira corre el riesgo de quedar aislada, espanta la inversión y se hunde más en la pobreza. 

A las comunidades les digo: sus reclamos son justos, pero el remedio no puede ser peor que la enfermedad. Bloquear la vía férrea equivale a apagar el motor del departamento. Hay que buscar “soluciones sostenibles que garanticen servicios públicos de calidad, una educación digna y la resolución de conflictos por la vía institucional” para presionar sin sacrificar a la gente ni apagar la economía regional.

Que quede claro. Soy defensor del derecho a protestar, pero sin secuestrar el desarrollo. Los líderes que promueven estos bloqueos temerarios deben saber que la historia los juzgará por el atraso causado. Ya no más sillas sobre la vía férrea, La Guajira no aguanta un bloqueo más. Cada día perdido es un retroceso imperdonable. Apostemos por la cordura, y dejemos que el tren del desarrollo vuelva a rodar por el bien de todos.Y como dijo el filósofo de La Junta: «Se las dejo ahí…” @LColmenaresR