Empiezo este año invitando a todos a reflexionar. El 2026 no es un año cualquiera: es un año electoral, y eso implica un imperativo moral para cada ciudadano colombiano. Nos corresponde renovar el Congreso de la República eligiendo senadores, representantes a la Cámara y, nada menos, que al presidente de la República. No exagero cuando afirmo que estas elecciones marcarán el rumbo del país durante muchos años.

¿Por qué tanta insistencia? Porque no se trata simplemente de votar; se trata de elegir con responsabilidad, de mirar a cada aspirante con lupa, de preguntarnos quiénes tienen la capacidad, la preparación y la honestidad para asumir la enorme tarea de legislar y gobernar en beneficio de la gente. Seamos sinceros: abundan los candidatos que no merecen nuestra confianza.

En La Guajira conocemos bien la realidad. Aspirantes que están siendo investigados por órganos de control, otros con expedientes judiciales abiertos, y todos sabemos que algunos son genéticamente ladrones disfrazados de políticos. También están los que apenas saben leer y escribir, pero no razonan en beneficio del pueblo. ¿De verdad vamos a seguir entregando nuestro futuro a quienes solo buscan enriquecerse? ¿Vamos a permitir que la política siga siendo un negocio para unos pocos y no un instrumento de desarrollo para todos?

Y no olvidemos a las famosas “golondrinas electorales”: candidatos foráneos que solo aparecen en época de elecciones, que no conocen nuestra tierra ni nuestras necesidades, que llegan con dinero a comprar votos y luego desaparecen. ¿Cómo confiar en alguien que nunca ha vivido nuestras realidades, que no ha sentido el sol abrasador de la Alta Guajira ni ha escuchado el clamor de nuestras comunidades? La Guajira necesita congresistas que la conozcan y estén dispuestos a trabajar por ella, no por intereses personales.

También están los eternos: candidatos que llevan más de veinte años en el Congreso, aferrados al poder, con cero realizaciones para mostrar. ¿Vamos a seguir premiando la mediocridad y la falta de resultados?

El panorama presidencial no es menos complejo. Hay candidatos que pescan en río revuelto, apelan a las emociones y buscan que la gente vote con rabia, con resentimiento, sin pensar en las consecuencias. Y después, cuando ya tienen el poder, sacan las uñas y muestran su verdadero rostro. No podemos caer en esa trampa. El voto con rabia nunca ha traído soluciones; solo ha traído más división y más problemas.

Pero también están los candidatos que ven la política como un negocio, que calculan su aspiración en términos de reposición de votos y no en términos de servicio público. ¿Ese es el liderazgo que queremos para Colombia?

Por eso, mi invitación es clara: los guajiros tenemos el deber moral de elegir a los mejores. No podemos dejar que la emoción del momento nos haga olvidar la responsabilidad que tenemos como ciudadanos. El futuro de La Guajira está en nuestras manos, y no podemos fallar. ¿Cómo hacerlo?

Lo primero es informarnos y no quedarnos con el discurso bonito ni con la promesa fácil, para saber quiénes son, qué han hecho, cuál es su trayectoria. Lo segundo es pensar en el bien común. No en el favor personal, el contrato o en la dádiva, sino en lo que necesita La Guajira: educación, salud, empleo, seguridad, desarrollo sostenible. Y lo tercero es rechazar la corrupción. No podemos votar por quienes han demostrado que solo saben robar. No estamos condenados a repetir la historia sino a elegir líderes honestos, preparados y comprometidos.

Es difícil porque hay presiones e intereses, hay quienes quieren que todo siga igual. Pero los guajiros somos gente fuerte, valiente y capaz de tomar decisiones correctas. Lo hemos demostrado en otras ocasiones, y podemos hacerlo de nuevo.

La Guajira merece más. Merece desarrollo, merece oportunidades, merece líderes que la respeten y la defiendan. No dejemos que nos engañen con discursos vacíos ni emociones pasajeras. No dejemos que nos roben la esperanza. El poder está en nuestras manos, y depende de nosotros usarlo bien. Elegir bien no es un lujo, es una obligación. Y es la única manera de construir La Guajira que soñamos.

Y como dijo el filósofo de La Junta: «Se las dejo ahí…” @LColmenaresR