Hace una semana que no aparto los ojos de las redes sociales leyendo, una tras otra, las voces de mujeres que por fin, por fin, se atrevieron a publicar lo que durante años susurraron en los pasillos, en los camerinos, en los salones de las redacciones donde se supone que se construye la verdad. El escándalo de acoso sexual y laboral que sacudió en Canal Caracol no es una novedad. Es la punta del iceberg que lleva décadas sumergida en el fondo de una cultura que premia el silencio y castiga la denuncia.
Me niego a creer que somos un país que simplemente no sabe. Sabemos. Siempre hemos sabido. Lo que nos falta, lo que nos ha faltado siempre, es la voluntad institucional de actuar.
Cuando Caracol activó sus protocolos internos, decenas de periodistas salieron a las redes con el hashtag #YoTeCreoColega y #MeToo a contar sus propias historias. Mujeres de diferentes medios, de distintas ciudades, con diferentes trayectorias, convergieron en un mismo relato: comentarios que escalaron a insinuaciones, insinuaciones que escalaron a mensajes, mensajes que escalaron a contacto físico no consentido dentro de los mismos espacios donde ellas ejercían con dignidad su oficio. Y en todos los casos, la respuesta del entorno fue la misma: el silencio institucional, el miedo a perder el contrato, la sospecha de que denunciar era traicionar al medio.
¿Traicionar al medio? No. Denunciar es dignificarlo porque el periodismo no puede ser el escenario de la impunidad mientras denuncian la del resto. Hay que predicar con el ejemplo. Y en esto quiero ser frontal: el problema no es únicamente de los medios de comunicación. Es de la justicia colombiana. Es del sistema. Es nuestro.
En Colombia, el 99% de los casos de acoso sexual terminan en impunidad. De 23.666 casos documentados en los que la víctima era una mujer, solo hay 296 condenas. Organismos internacionales han alertado que en Colombia existe un patrón de procesos que se extienden indebidamente mientras las víctimas sufren nuevas presiones para desistir. Y la Red Nacional de Mujeres lo certifica: la Ley 1257, que tipificó el acoso sexual como delito, lleva 18 años siendo incumplida. Dieciocho años. Una generación entera de mujeres esperando que la justicia cumpla con su deber.
Por eso rechazo con convicción el circo mediático que reclama nombres a gritos. Quienes exigen la lista de los acusados para publicarla en redes sociales antes de que haya un proceso no buscan justicia sino morbo, linchamiento. Y el linchamiento no es garantía de nada: ni de verdad, ni de reparación, ni de no repetición. Los nombres de los responsables deben aparecer donde tienen que aparecer: en las sentencias condenatorias, con todas las garantías del debido proceso, después de que un juez haya decretado su culpabilidad con pruebas. Ese es el momento. Ese es el escenario. No las tendencias de Twitter.
Lo que sí exijo, y con la misma vehemencia, es que esas sentencias existan. Que los procesos no queden eternamente en etapa de indagación. Que las denuncias no desaparezcan en el laberinto de un sistema que protege más a quien tiene poder que a quien tiene la razón. Las víctimas que han alzado su voz no lo hacen para alimentar el chisme. Lo hacen porque la acumulación de años de silencio se volvió insoportable. Porque vieron que otras lo hacían y se sintieron menos solas. Porque entendieron que el silencio no las protegía a ellas sino a sus victimarios. A esas mujeres les debo respeto, no espectáculo.
El caso Caracol no puede terminar en un comunicado institucional con palabras de protocolo. No puede terminar en el despido discreto de alguien mientras se garantiza «la confidencialidad de las partes». Tiene que terminar, todos estos casos tienen que terminar, en una sala de audiencias, con un fiscal que haga su trabajo, con un juez que dicte sentencia, y con un sistema que por primera vez en mucho tiempo le demuestre a las mujeres de este país que denunciar vale la pena. Eso no es pedir demasiado. Es pedir lo mínimo que debe ofrecer un Estado de derecho: Justicia.Y como dijo el filósofo de La Junta: «Se las dejo ahí…” @LColmenaresR
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