Los gobiernos también dejan una calificación. No la pone la oposición, ni los medios de comunicación, ni las redes sociales. La construye el propio Estado mediante indicadores técnicos que evalúan la capacidad de planear, ejecutar, controlar y rendir cuentas. Por eso en La Guajira no podemos ignorar los resultados de la Medición del Desempeño Institucional (MDI) 2025 del Departamento Administrativo de la Función Pública.

Según los resultados oficiales, la Gobernación de La Guajira obtuvo 76,18 puntos sobre 100, ocupando el puesto 25 entre las 32 gobernaciones del país, muy por debajo del promedio nacional de 83,7 puntos. Es una radiografía de la calidad de la gestión pública.

La MDI no califica simpatías políticas. Evalúa aspectos esenciales de la administración pública: planeación, control interno, transparencia, gestión del talento humano, contratación, servicio al ciudadano, gobierno digital, seguimiento de resultados, gestión documental y administración del riesgo. En otras palabras, mide cómo ha funcionado una entidad pública para cumplirle a la gente.

Por eso el resultado de La Guajira no debería pasar inadvertido. Refleja una administración que, en términos institucionales, se encuentra rezagada frente a la mayoría de las gobernaciones del país. Y esa realidad coincide con lo que observan los ciudadanos diariamente: problemas estructurales que permanecen prácticamente intactos después de dos décadas.

No puedo evitar establecer una relación entre ese resultado y las prioridades que durante los últimos años han dominado la agenda pública departamental. Mientras abundaban los videos institucionales, las transmisiones en redes sociales, las campañas de imagen, los festivales, el folclor, los influenciadores y la comunicación política, los indicadores de desempeño institucional van de mal en peor. Gobernar no consiste en producir contenido para Instagram sino en producir resultados para la ciudadanía. El sentido común.

Los indicadores sociales confirman esa desconexión. La Guajira continúa figurando entre los departamentos con mayores niveles de pobreza, brechas sociales y deficiencias en agua potable, salud, empleo e infraestructura. Cuando la gestión institucional también aparece rezagada, deja de ser posible atribuir esos resultados únicamente a factores externos. La administración pública tiene una responsabilidad ineludible.

El contraste más revelador se encuentra dentro del mismo departamento.

Mientras la Gobernación obtuvo un desempeño inferior al promedio nacional, la Universidad de La Guajira alcanzó 96,2 puntos, convirtiéndose en una de las instituciones públicas con mejor desempeño del país. La diferencia demuestra que el problema no está en La Guajira como territorio, sino en la forma en que se gobierna. Una institución pública del mismo departamento logró estándares de excelencia por la planeación, evaluación permanente, disciplina administrativa y rendición de cuentas.

Por eso creo que los guajiros merecemos respuestas.

El Gobernador debe explicar cuáles componentes del Modelo Integrado de Planeación y Gestión presentan las mayores debilidades, qué acciones correctivas se adoptarán y en qué plazo espera superar un resultado que tiene al departamento en los últimos lugares del país.

La Asamblea Departamental también debe rendir cuentas. Su función constitucional no es acompañar al Ejecutivo con aplausos, sino ejercer control político efectivo. ¿Cuántos debates ha realizado sobre el desempeño institucional? ¿Qué correctivos ha exigido? ¿Qué seguimiento ha hecho a los planes de mejoramiento derivados de esta medición?

Y la Contraloría Departamental tampoco puede guardar silencio. Sin prejuzgar sobre personas o actuaciones concretas, toda democracia exige que los organismos de control ejerzan sus funciones con independencia, objetividad y suficiente distancia institucional respecto de los sujetos vigilados. La confianza pública se debilita cuando la gente percibe intimidad entre controlador y controlado.

La Guajira no necesita un gobierno que administre la conversación en redes sociales. Necesita un gobierno que administre bien los recursos públicos. No necesita más videos virales; necesita mejores indicadores. No necesita más festivales para celebrar el presente, sino instituciones capaces de construir el futuro.

Al final, los algoritmos olvidan los videos. Los indicadores oficiales permanecen. Y los resultados de la MDI 2025 dejan una pregunta que ningún discurso puede ocultar: ¿cómo puede hablarse de éxito cuando la principal institución administrativa del departamento ocupa el puesto 25 entre las 32 gobernaciones de Colombia? ¡Un desastre!

Y como dijo el filósofo de La Junta: «Se las dejo ahí…” @LColmenaresR