Por el solo hecho de expresar una opinión en cualquier sentido, a la gente le gusta matricularlo a uno en partidos o movimientos que ni siquiera son compatibles con las convicciones que uno haya construido en el transcurrir de la vida.
Hablo en primera persona en la antesala de la segunda vuelta presidencial, pero no es para decirle a nadie por quién votar, sino para explicar cómo llegué a mi decisión y por qué creo que, en momentos como este, un demócrata liberal no puede darse el lujo de la indiferencia ni del voto impulsivo o en blanco. Votaré por uno de los dos, y que cada quien vote libre por el que le dé la gana.
Esta elección no es una competencia de simpatías, sino una prueba de madurez institucional. En la segunda vuelta no se elige un héroe ni un antagonista sino un presidente que tendrá en sus manos la estabilidad del Estado, la continuidad del orden constitucional y la protección de las libertades que hacen posible la vida democrática. Por eso, mi voto no nace del entusiasmo, sino de la responsabilidad.
¿De los dos candidatos, quién ofrece mayores garantías de respeto por la separación de poderes, por la independencia judicial, por la libertad de prensa, por la estabilidad económica y por la protección de las minorías?
La defensa de la libertad individual. Un presidente debe entender que la crítica es un derecho, no una amenaza; que la prensa incómoda es un pilar, no un enemigo; que la protesta es una expresión democrática, no un delito. Evalúo a los candidatos, observando su relación con la discrepancia, tolerancia al debate y capacidad de gobernar sin perseguir al contradictor.
El respeto estricto por el Estado de derecho. Un presidente no puede pretender gobernar por encima de las cortes ni deslegitimar a los órganos de control cuando no le son favorables. La democracia se sostiene en la aceptación de límites, no en la tentación de romperlos.
La separación de poderes. Un presidente que aspire a capturar el Congreso, a manipular la justicia o a gobernar por decreto erosiona la arquitectura constitucional. Un demócrata liberal sabe que la concentración del poder es el camino más corto hacia el autoritarismo. Se requiere vocación de diálogo y entender que gobernar es negociar respetando la autonomía de las instituciones.
El pluralismo. Colombia es un país diverso, desigual y profundamente plural. El candidato es de un partido, movimiento o número significativo de ciudadanos, pero el elegido debe gobernar para todos y reconocer la legitimidad de la oposición, escuchar a quienes piensan distinto y evitar la tentación de dividir al país entre “buenos” y “malos”. El pluralismo no es un gesto de cortesía: es la esencia de la democracia liberal.
La responsabilidad económica. La libertad individual se vacía cuando la economía se desestabiliza. Un presidente debe ofrecer reglas claras, seguridad jurídica, respeto por la iniciativa privada y un compromiso serio con el Estado social de derecho. No se trata de escoger entre mercado o Estado, sino de garantizar un equilibrio que permita crecimiento con equidad.
Y la protección de las minorías. La mayor virtud de la democracia es su peor defecto: que la mayoría es la que decide. Sí, pero cuando decide no puede atropellar derechos fundamentales. Un presidente debe ser garante de quienes no tienen poder, de quienes han sido históricamente excluidos, de quienes dependen del Estado para que su dignidad sea reconocida.
Con estas convicciones, llego a la segunda vuelta con una certeza: mi voto debe proteger la democracia liberal, no ponerla en riesgo. No votaré por simpatía, ni por rabia, ni por miedo. Votaré por quien representa menor amenaza a las instituciones, mayor respeto por la Constitución y mayor compromiso con la libertad. Votaré con la Constitución en la mano y con la democracia en el corazón. No se trata de elegir al candidato perfecto, sino de evitar que el país retroceda. En esta segunda vuelta, el deber de un demócrata liberal es claro: defender las instituciones que nos protegen a todos, incluso de nosotros mismos.Y como dijo el filósofo de La Junta: «Se las dejo ahí…” @LColmenaresR

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