Apreciado gobernador, he revisado cada cifra con rigor para su columna pagada en la Revista Semana que titula “El renacer de La Guajira”.
Es una confesión velada porque admite que gobiernos anteriores (incluso de su mismo partido) sepultaron el departamento en la miseria y el abandono, además de que erigirse como “el ave fénix” es un síntoma de arrogancia pura: ¿renacer de qué, si aún estamos en crisis?
Las cifras oficiales no avalan ese optimismo. En 2025, La Guajira registró el segundo porcentaje más alto de pobreza monetaria del país (después de Chocó), con 60,2%. En la pobreza extrema, el dato es más vergonzante: 33,8%, el más alto del Caribe colombiano. Hablar de renacimiento cuando más de la mitad de los guajiros vive en la pobreza raya en demagogia.
En educación alardea de “10.800 estudiantes con transporte escolar en 371 rutas”, pero no dice que en julio de 2025 la Gobernación no había contratado el servicio porque la licitación fue declarada desierta. El orgullo de “84.152 alumnos con alimentación escolar” contradice los reportes nacionales (incluso de la FAO), que sugieren que en La Guajira miles de niños siguen desnutridos pese al programa PAE.
En materia económica y de infraestructura también sobran promesas genéricas. Se jacta de haber “fortalecido 300 familias productivas” y de crear tiendas de productos locales, pero no especifica los resultados reales: ¿cuántos proyectos rurales entregó? ¿De verdad los hogares guajiros están vendiendo en nuevos mercados o son cifras de papel? Lo mismo ocurre con el turismo: presume de “astroturismo”, “narrativa internacional” y “mejor video promocional del mundo”, que son elogios vacíos para redes sociales, pero no equivale a más turistas reales ni a hoteles abiertos, sino a trucos de propaganda. ¿Para qué sirve un video ganador si las vías de acceso están en mal estado y no hay agua potable en Riohacha ni en las zonas indígenas?
Alardea también de que “identificamos 24 proyectos inconclusos, concluimos 5 y avanzamos 14”. Por ejemplo, el famoso Malecón de Riohacha, que sólo tiene la primera piedra recién puesta en julio de 2025; igual que el “Faro y Mausoleo” prometido, pero no hay fecha de entrega ni avances claros. Mientras tanto, de las necesidades básicas no menciona la carencia de hospitales operativos, ni la falta de acueductos rurales, ni los bloqueos frecuentes por vías en mal estado.
En salud tampoco convence su narrativa. Reconoce cifras reducidas de mortalidad infantil (de 121 a 77 casos) y materna (de 23 a 19), pero no contextualiza que La Guajira sigue siendo una de las regiones con peor salud infantil del país. De hecho, la Supersalud identificó graves fallas en hospitales locales. Sumado a ello, es notorio que el gobernador calla sobre los altos índices de desnutrición y falta de agua potable, herencia de décadas de abandono. Los guajiros siguen padeciendo epidemias evitables.
En lo social presume de haber “fortalecido a 800 líderes comunales” y apoyado a “más de 1.000 adultos mayores”, con 3.000 conexiones de gas beneficiando a 11.400 personas. Pero ¿qué han logrado en concreto? Capacitar líderes está bien, pero ¿en qué proyectos terminados? Otorgar gas es urgente, pero queda mucha gente sin él. Sus propias cifras ratifican el número, pero no explican que el 70% rural aún carece de servicio básico.
Y se ufana de ser “el tercer gobernador más digital del Caribe”. Sí, un estudio de redes sociales lo avala con 60% de aprobación virtual, pero ese es un mérito de marketing, no de gestión real. En medio de apagones y crisis alimentaria, ¿de qué sirve un “ranking digital”? Son cifras de Twitter, irrelevantes para quien necesita agua potable, hospitales dignos y maestros en las aulas.
El gobernador pinta un cuadro idílico con logros genéricos, pero las fuentes consultadas muestran que seguimos ante un departamento en emergencia. Las estadísticas del DANE, los reportes de prensa y los hechos en la calle revelan que el “renacer” es el inicio de la campaña con el candidato de mancorna que lleva a todas las partes que asiste.
Los guajiros necesitamos hechos tangibles: agua, salud, educación y vías. Cada promesa no cumplida y cada gasto mal explicado agrava la desconfianza. Yo, como guajiro, reclamo claridad: estos supuestos logros deben verificarse en la realidad cotidiana de la gente.
Y como dijo el filósofo de La Junta: «Se las dejo ahí…» @LColmenaresR

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